
El suicidio no puede explicarse por una sola causa. Detrás de cada situación existen diferentes factores que pueden combinarse: cuestiones emocionales, familiares, sociales, económicas y las circunstancias particulares que atraviesa cada persona.
Durante la entrevista, el especialista advirtió sobre un dato que genera preocupación: por primera vez desde 2020, las tasas de suicidio superaron a las de accidentes entre las muertes violentas de personas jóvenes. Según explicó, se trata de un comportamiento poco habitual desde el punto de vista epidemiológico y que obliga a mirar el problema con mayor atención.
También cuestionó la manera en que muchas veces se aborda el tema en los medios de comunicación y llamó a dejar de lado el sensacionalismo. “Hay un tema tabú que la sociedad se calla”, planteó, y sostuvo que es necesario preguntarnos qué está pasando como comunidad.
En ese sentido, remarcó que nadie debería atravesar el sufrimiento en soledad. Frente a una sociedad cada vez más individualista, destacó la importancia de recuperar los vínculos, la escucha y las redes de apoyo donde las personas puedan expresar lo que sienten.
Durante la charla también se derribaron algunos mitos. Tener antecedentes familiares de depresión no significa necesariamente que una persona vaya a desarrollar el mismo cuadro. Del mismo modo, si alguien expresa pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio, esa manifestación debe tomarse en serio y no ser ignorada.
Hablar sobre estas ideas no las provoca. Por el contrario, poder ponerlas en palabras permite conocer el sufrimiento, acompañar y buscar ayuda profesional.
Ante una situación de este tipo, el primer paso puede ser simplemente escuchar y validar lo que la persona está sintiendo, haciéndole saber que no está sola. Luego, resulta fundamental recurrir a profesionales de la salud mental para evaluar la situación y determinar el acompañamiento necesario.
El especialista también señaló la importancia de los espacios comunitarios. La práctica deportiva, la participación en clubes y las actividades compartidas pueden funcionar como factores protectores, especialmente entre los jóvenes, porque ayudan a construir vínculos y sentido de pertenencia.
Finalmente, destacó el valor de la postvención, un abordaje destinado a acompañar a familiares, amigos y personas cercanas después de un suicidio, con el objetivo de reducir el impacto, fortalecer las redes de contención y ayudar a quienes quedan a transitar el dolor.
Más que buscar respuestas simples, el desafío es construir una sociedad capaz de escuchar, acompañar y pedir ayuda a tiempo. Porque hablar, preguntar y estar presentes también puede ser una forma de cuidar.
