Nota Simon Jalil: La historia de la educación superior en Neuquén está profundamente ligada a una idea de progreso e igualdad de oportunidades.

El 3 de noviembre de 1964, durante la gestión del entonces gobernador Felipe Sapag, la Legislatura provincial sancionó la Ley 414 que dio origen a la Universidad Provincial del Neuquén. La iniciativa surgió ante la necesidad de ofrecer estudios superiores en la región y evitar que los jóvenes tuvieran que trasladarse a otras provincias para continuar su formación.
El primer ciclo lectivo comenzó el 1 de abril de 1965, en un edificio escolar ubicado en la esquina de Belgrano y Salta, en Neuquén capital. Sin embargo, uno de los aspectos más significativos de aquellos primeros años fue el funcionamiento de la Facultad de Ingeniería en la comarca petrolera de Cutral Có y Plaza Huincul. Allí, bajo el decanato del ingeniero Armando París, comenzó a construirse una propuesta educativa estrechamente vinculada con la actividad productiva de la región. El primer rector fue el doctor Ricardo Oliva.
El espíritu de aquella universidad quedó sintetizado en una frase de Felipe Sapag: «El saber es deber». La idea era clara: construir una universidad popular, al alcance de los hijos de los trabajadores, para que pudieran estudiar, desarrollarse y construir su futuro sin tener que abandonar la provincia. En 1972, la institución se nacionalizó junto con el instituto universitario de Río Negro, dando origen a la actual Universidad Nacional del Comahue.
Pero la mirada sobre Neuquén no se limita a recuperar su historia. También invita a pensar qué provincia se quiere construir hacia adelante. En ese sentido, aparece como un tema central la necesidad de mejorar la infraestructura y aprovechar las oportunidades que ofrece el crecimiento de Vaca Muerta.
Uno de los planteos apunta a recuperar el tren hasta Zapala y fortalecer la conexión con Chile a través del corredor bioceánico. La región tiene una oportunidad estratégica para convertirse en un punto clave de intercambio comercial, especialmente si logra aprovechar la demanda chilena de productos químicos y petroquímicos. Sin embargo, para que ese potencial se concrete, es necesario avanzar en una mayor industrialización local y dejar de depender exclusivamente de la exportación de materias primas.
También se plantea la importancia de concretar obras viales estratégicas, como la pavimentación de la Ruta Provincial 10, que permitiría mejorar la conexión con Fortín de Piedra y la futura planta proyectada en Bajada del Agrio. A esto se suma la propuesta de desarrollar un aeropuerto de cargas sobre la Ruta 17, con el objetivo de mejorar la logística y reducir la presión sobre el tránsito hacia Neuquén capital.
Otro de los puntos de preocupación es el centralismo administrativo. La concentración de organismos provinciales y nacionales en la capital obliga a muchos vecinos del interior a trasladarse para realizar trámites y gestiones que podrían resolverse en sus propias localidades. Esta realidad también dificulta el crecimiento equilibrado y las posibilidades de desarrollo de las distintas regiones.
A esto se agrega la situación de edificios y proyectos de infraestructura que quedaron inconclusos, convertidos en estructuras vacías que representan oportunidades perdidas para las comunidades del interior.
En definitiva, el planteo invita a recuperar el espíritu con el que nació la Universidad Provincial del Neuquén: pensar una provincia integrada, con educación, infraestructura y oportunidades distribuidas en todo su territorio. Porque el desafío no es solamente crecer a partir de los recursos naturales, sino lograr que ese crecimiento se traduzca en desarrollo, trabajo y mejores condiciones de vida para todos los neuquinos.

