La preocupación por la inseguridad y la falta de controles de tránsito crece entre los vecinos del Barrio Uno, donde las picadas de motos y vehículos, los ruidos molestos durante la madrugada y los episodios de violencia forman parte de una realidad que, según denuncian, lleva tiempo sin encontrar soluciones.

Una de las principales preocupaciones son las carreras clandestinas que se realizan en las calles del barrio. La referente vecinal aseguró que el accidente ocurrido recientemente habría sido consecuencia de una de estas picadas, y reclamó medidas concretas para evitar que se repitan situaciones similares.
También cuestionó la efectividad de los reductores de velocidad instalados en la zona, al considerar que no alcanzan para frenar a quienes circulan a alta velocidad. Por eso, pidió mayores controles y obras que permitan garantizar la seguridad de quienes viven y transitan por el sector.
La situación, además, afecta la vida cotidiana de las familias. Según relató, muchos vecinos optan por quedarse dentro de sus casas a partir de las 20:30 o 21 horas por temor a lo que pueda ocurrir en la vía pública. A esto se suma el uso indebido de la Plaza San Martín, donde denuncian picadas de motos, música a volumen elevado durante la madrugada y reacciones violentas cuando alguien intenta hacer un reclamo.
Falta de respuestas y problemas con la seguridad
La referente barrial también expresó su malestar por la falta de respuestas formales de las autoridades, pese a los años de trabajo y las gestiones realizadas para mejorar las condiciones del barrio.
En ese sentido, cuestionó el funcionamiento de las cámaras de seguridad y señaló que, según le informaron, no estarían operativas debido a los costos de los permisos necesarios. La situación genera aún más preocupación entre los vecinos, que reclaman herramientas concretas para prevenir hechos delictivos y actuar ante situaciones de riesgo.
Una tarea vecinal que recae sobre pocas personas
Otro de los puntos que planteó fue la escasa participación de los vecinos en los reclamos colectivos. Como ejemplo, mencionó que una nota presentada anteriormente reunió apenas 18 firmas, a pesar de que el barrio cuenta con alrededor de 300 viviendas.
La referente reconoció que sostener el trabajo comunitario se vuelve cada vez más difícil. Explicó que gran parte de las tareas de la sede vecinal recaen sobre ella, desde la organización y la atención de los reclamos hasta las gestiones administrativas, todo de manera voluntaria.
A pesar del cansancio, continúa impulsando pedidos para mejorar la calidad de vida de las familias del sector. Sin embargo, considera que el compromiso no puede depender únicamente de una persona y que es necesario que los vecinos se involucren más para que sus demandas tengan mayor fuerza.
El reclamo central es claro: los vecinos necesitan respuestas, controles efectivos y medidas concretas que les permitan recuperar la tranquilidad. Vivir en el barrio no debería significar tener miedo de salir a la calle ni resignarse a pasar las noches encerrados en sus propias casas.

